Si observamos las cifras del último balance anual de siniestralidad vial, el pasado año se produjeron 1.067 accidentes en vías interurbanas en las carreteras españolas, lo que supuso un aumento del 3% de los accidentes mortales. Según la DGT, entre el 80% y el 90% de los siniestros se producen por errores humanos.

Con la llegada del coche sin conductor, prevista para el año 2020, el mercado del automóvil se ha propuesto no sólo ofrecer más comodidad a los conductores, sino también más prestaciones en seguridad.

 

El coche sin conductor, una realidad inmediata

El también llamado vehículo autónomo es capaz de llevarte a cualquier sitio sin apenas tener que tocar el volante. Hasta el momento, marcas como Volvo o Peugeot-Citroën son las pioneras en apostar por el diseño de este tipo de automóviles, aunque el resto de las grandes empresas automovilísticas estén trabajando a su vez en el desarrollo de sus propios prototipos.

  

Se estima que en 2020 los coches sin conductor serán una realidad en las carreteras españolas. De hecho, prototipos de grandes grupos tecnológicos como Uber, Google o Tesla ya están en fase de pruebas. Son modelos muy tecnológicos con radar y GPS, sensores de movimiento, cámaras láser con lectores para reconocer el movimiento de peatones, entre otras prestaciones.

La búsqueda del coche sin conductor no es una novedad, ya que los ingenieros llevan más de 50 años trabajando en esta idea. Estamos ya familiarizados con coches que aparcan solos, que detectan la velocidad de los otros coches y mantienen la distancia de seguridad de manera automática. Pero el vehículo autónomo da un paso más allá, permitiendo que el ocupante solo tenga que marcar un destino en el GPS y pueda disfrutar del viaje sin ninguna preocupación.

 

¿Cómo afecta esta realidad a la sociedad?

Como toda tecnología nueva, esta también representa una revolución para la sociedad. Estos son algunos de los cambios que los expertos auguran:

  • Elimina totalmente el factor humano como motivo de riesgo y se rige por estrictas normas de seguridad, como la limitación de velocidad o la distancia con otros objetos, lo que reduce la siniestralidad.
  • Aumenta la comodidad, ya que no hay que preocuparse por el estacionamiento. El coche autónomo puede ser programado para regresar a casa o buscar una plaza libre de aparcamiento.
  • Reduce los atascos, ya que puede memorizar vías y franjas horarias en la que la tendencia de tráfico es menor, ofreciendo rutas alternativas. También se pueden coordinar los vehículos entre ellos, reduciendo el tráfico.

 

¿Qué seguro necesitan los coches sin conductor?

Los analistas son contundentes: las aseguradoras deben adaptar sus seguros de automóvil.

En primer lugar, las pólizas deben modificar a quien recae la responsabilidad civil, ya que en los vehículos autónomos la figura del conductor no existe. Por ello, en caso de un siniestro será el fabricante del modelo o la marca tecnológica la que deba responder ante un accidente. En este supuesto hay que tener en cuenta que los cambios son graduales y la responsabilidad recaerá sobre el propietario, siempre y cuando sea él el que conduzca el vehículo. Para esclarecer los hechos siempre será necesario analizar si la persona conducía o no.

En segundo lugar, también se tendrá que revisar el precio y las condiciones de la póliza ya que, por un lado, los siniestros al volante disminuirán drásticamente pero, por otro lado, los costes por reparación aumentarán a causa de la alta sofisticación tecnológica que incorporaran los vehículos.

En tercer lugar, será necesaria una profunda revisión de las coberturas, como la asistencia en carretera o la revisión periódica del vehículo. Esto supone también crear o mejorar las coberturas, como la de ciberataques. A pesar de que no existe la certeza plena de que los hackers puedan penetrar en el sistema del automóvil para robar en su interior e incluso tener su control total, puede ser una realidad muy probable.

Ante este panorama tan cambiante, las aseguradoras deben tener una gran capacidad de adaptación para ofrecer nuevos productos y poder adaptar los existentes. Un auténtico reto que augura grandes oportunidades para el sector asegurador y para el de los ingenieros.